El plasma rico en plaquetas utiliza una concentración de plaquetas obtenida de la propia sangre. Puede ayudar a controlar síntomas en pacientes seleccionados, pero no es una solución universal ni reconstruye por sí solo una articulación dañada.
El plasma rico en plaquetas, o PRP, se prepara a partir de una muestra de sangre del mismo paciente. La sangre se centrifuga para separar y concentrar las plaquetas, que contienen proteínas y factores biológicos relacionados con la reparación de los tejidos.
El producto se coloca en la zona indicada mediante una infiltración. La composición final puede variar según el sistema de preparación, por eso no todos los tratamientos llamados PRP son exactamente iguales.
La evidencia no es igual para todas las lesiones. En ortopedia, el PRP puede considerarse como parte del manejo de algunos casos de artrosis de rodilla leve o moderada y ciertas lesiones crónicas de tendón. La decisión depende del diagnóstico, la edad, el nivel de actividad y los tratamientos previos.
La infiltración suele ser ambulatoria. Es posible sentir dolor, presión o inflamación temporal durante los primeros días. El plan posterior puede incluir reposo relativo y una reincorporación progresiva a ejercicios de movilidad y fuerza.
La respuesta no es inmediata ni idéntica en todas las personas. Cuando hay beneficio, suele valorarse por la reducción del dolor y la mejoría de la función durante las semanas siguientes.
El PRP no garantiza regenerar cartílago, evitar una cirugía ni curar cualquier lesión. Tampoco corrige problemas mecánicos importantes, como una inestabilidad marcada, una ruptura completa o una artrosis avanzada.
Una recomendación responsable debe partir de un diagnóstico concreto y explicar qué resultado es razonable, qué alternativas existen y cómo se medirá la respuesta.
Este artículo tiene fines educativos y no sustituye una valoración médica. La indicación y los resultados del PRP dependen del diagnóstico y de las características de cada paciente.