La artroscopia de rodilla es una cirugía mínimamente invasiva que permite diagnosticar y tratar lesiones dentro de la articulación mediante pequeñas incisiones. Es especialmente útil para tratar determinadas lesiones del menisco, buscando preservar la mayor cantidad posible de tejido sano, aliviar los síntomas y recuperar la función de la rodilla.
Durante la artroscopia se introduce una pequeña cámara dentro de la rodilla que permite visualizar directamente las estructuras de la articulación. A través de pequeñas incisiones adicionales se utilizan instrumentos especializados para tratar la lesión.
Cuando las características de la lesión lo permiten, se realiza una reparación o sutura del menisco con el objetivo de conservarlo y favorecer su cicatrización. En aquellos casos en los que la reparación no es posible, puede ser necesario retirar únicamente la porción del menisco que se encuentra dañada, preservando la mayor cantidad de tejido sano.
24 horas
2 días a 1 semana
Resonancia sin contraste
Puede considerarse en pacientes con:
La artroscopia no está indicada para todos los dolores de rodilla ni para todas las lesiones de menisco. En pacientes con desgaste avanzado de la articulación (artrosis), lesiones degenerativas sin síntomas mecánicos relevantes u otras causas de dolor, pueden existir tratamientos más apropiados.
La decisión de realizar una artroscopia se toma después de una valoración especializada, considerando los síntomas, el examen físico, los estudios de imagen, el tipo de lesión y las necesidades de cada paciente.
Usualmente 24 horas para la mayoría de las funciones del día a día.
Si usted es un paciente que vive y trabaja fuera del país, se recomienda al menos 2 días si cuenta con médicos en su localidad. De lo contrario, al menos una semana para retirarle los puntos.
Lo ideal es una resonancia magnética sin contraste.